Desarrollo a medida
Software a medida para empresas
que arranca con tus datos dentro.
Un fabricante de puertas configura cada pedido por medidas, herrajes y acabado. Un instalador de fontanería cierra el parte en casa del cliente con los materiales que ha gastado. Eso no lo cubre ningún programa estándar. Lo hacemos partiendo de una de nuestras aplicaciones o desde cero, cargamos vuestro histórico y os lo dejamos funcionando. Con presupuesto cerrado y sin bolsas de horas.
Somos desarrolladores, no distribuidores. Lo que cambie en tu empresa se cambia en el programa.
Configuración de la hoja
Herrajes del catálogo del cliente
Despiece que genera el pedido
La pantalla no es un ERP recortado: es la operación de esa fábrica. Un software a medida para empresas se parece a esto, no a un menú con mil opciones que nadie usa.
Qué es
Qué es un software a medida para empresas.
Y, sobre todo, qué no es. Este es un servicio que se vende con mucho humo, así que empezamos por acotarlo.
Un software a medida para empresas es un programa escrito para cómo trabaja una empresa concreta, en lugar de un producto de catálogo al que la empresa tiene que amoldarse. La diferencia se ve en la primera pantalla: donde un programa genérico te pone veinte campos de los que usas tres, aquí están los tuyos, con los nombres que usa tu gente y en el orden en el que hacen las cosas.
Tampoco es magia. En muchos proyectos no se escribe todo desde cero: partimos de una de las aplicaciones que ya tenemos hechas y le cambiamos lo que haga falta, que es bastante más barato y más rápido. En otros no hay nada parecido y se construye entero. Las dos formas son legítimas y las dos las hacemos; abajo explicamos cuándo va cada una.
Qué no es: no es un ERP enorme al que le apagas módulos. No es una plantilla con tu logo encima. Y no es un ejecutable que se entrega y hasta luego: la carga de vuestros datos, la puesta en marcha, la formación y el mantenimiento son parte del proyecto, no extras que aparecen luego en otra factura.
Cuándo compensa. Un software a medida para empresas tiene sentido cuando hay una operación que es tuya y que ningún programa del mercado hace: un cálculo propio, un circuito de papeles que impone tu sector, una forma de presupuestar que has ido afinando durante veinte años. Ahí un programa estándar no te ahorra trabajo, te lo mueve de sitio: acabas con el programa y con un Excel al lado.
Cuándo no compensa. Si lo que necesitas es emitir facturas, controlar cobros y poco más, no hace falta desarrollar nada: te sale mejor un programa ya hecho como Vertebra Pyme. Lo decimos en la primera reunión aunque nos deje sin proyecto, porque un desarrollo que no hacía falta se nota a los tres meses y no lo perdona nadie.
Si estás justo en esa duda, la tenemos escrita entera: cuándo conviene un programa propio y cuándo uno de catálogo, con los criterios que usamos nosotros para recomendar una cosa u otra.

Dónde se atasca lo estándar
Cuatro frases que se oyen justo antes de llamarnos.
Ninguna es culpa de nadie. Un programa de catálogo está hecho para el promedio de miles de empresas, y tu empresa no es el promedio. Estas cuatro grietas son las que acaban convirtiéndose en un proyecto de software a medida para empresas.
«Pedimos un cambio y nos dijeron que el estándar no lo contempla.»
Es la respuesta honesta de quien vende un producto que instalan en cientos de empresas: si te lo cambian a ti, se lo cambian a todos. El problema es que tu operación no desaparece porque el programa no la contemple. Sigue ahí, hecha a mano, y cada mes cuesta lo mismo. Cuando el que programa y el que te atiende son la misma empresa, esa frase no existe: se valora, se presupuesta y se hace.
«Tenemos el programa y, al lado, siete hojas de cálculo.»
Es el síntoma más fácil de reconocer. Cada hoja de cálculo abierta al lado del programa es una operación que el programa no cubre: el escandallo, el reparto de horas, el control de garantías, la comisión del comercial. Y cada hoja vive en el ordenador de una persona concreta, sin copia y sin nadie más que sepa mantenerla. Ese es justo el trabajo que un software a medida para empresas se lleva dentro del programa.
«Nos lo presupuestaron por horas y nadie sabe dónde acaba.»
La bolsa de horas es cómoda para quien desarrolla y angustiosa para quien paga: cada duda del análisis se convierte en horas consumidas y el final del proyecto se aleja según avanza. Nosotros trabajamos al revés. Primero se acuerda por escrito qué se va a hacer, y con eso se cierra un precio. Si aparece algo nuevo por el camino, se presupuesta aparte y decides tú si entra.
«Llevamos quince años de facturas ahí dentro. ¿Empezamos de cero?»
Es el miedo que más frena un cambio de programa, y con razón: sin histórico no puedes comparar una temporada con la anterior, ni contestar a un cliente que reclama un albarán de hace cuatro años. En un proyecto a medida la migración no es un extra opcional: se lleva vuestro histórico, se cuadra contra vuestros números y hasta que no cuadra no se arranca.
Cómo se empieza
Dos formas de arrancar un software a medida para empresas.
Casi todo el mundo se imagina lo segundo cuando oye hablar de un software a medida para empresas, y casi todos los proyectos acaban siendo lo primero. La diferencia entre una vía y otra es dinero y meses, así que se decide en la primera reunión y con las cartas boca arriba.
Vía 1 · la más habitual
Partimos de un programa que ya tenemos y lo amoldamos a vosotros
Tenemos ocho programas propios en producción. Si alguno se parece a lo que necesitáis, el proyecto no empieza en una pantalla en blanco: empieza con la facturación, los clientes, los usuarios, los permisos y los listados ya resueltos, y el trabajo se concentra en lo que os hace distintos. Eso abarata mucho el proyecto y acorta los plazos, porque la parte aburrida ya está escrita y probada.
No es un producto que se «configura»: se toca el código. Se quita lo que os sobra, se cambia lo que no encaja y se añade vuestra operación. Varios de estos ocho programas nacieron exactamente así, de un encargo a medida que luego dio para un producto entero.
Si además hay que hacer convivir el programa nuevo con alguno que ya usáis y no vais a soltar —la contabilidad de la asesoría, por ejemplo—, eso se resuelve con un conector entre programas y también entra en el mismo presupuesto.
Vía 2 · cuando no hay nada parecido
Lo construimos desde cero
Hay operaciones que no se parecen a nada de lo que tenemos, y forzar una base que no encaja sale peor que empezar limpio: acabas arrastrando decisiones tomadas para otra empresa. Cuando pasa eso, se levanta el programa entero, con vuestro modelo de datos y vuestras pantallas.
Cuesta más y tarda más, y lo decimos delante. A cambio, no hay ni un menú que sobre: lo que hay dentro es exactamente lo que hacéis, y la gente que lo va a usar lo entiende sin manual porque está escrito con sus palabras.
En las dos vías el resultado es el mismo tipo de compromiso: nosotros escribimos el código, así que cuando dentro de dos años cambie una norma o entre una línea de negocio nueva, hay a quién llamar y el programa se mueve con vosotros. Si te preocupa el coste, lo desmenuzamos en qué hace que un desarrollo cueste lo que cuesta.
Operaciones por oficio
Lo que cada oficio hace y ningún catálogo cubre.
No vendemos «verticalización» en abstracto. Estos son ejemplos concretos del tipo de operación que justifica un software a medida para empresas, contados como los cuenta quien los hace.
Fabricación de puertas y carpintería metálica
Aquí no se vende un artículo, se vende una puerta que todavía no existe: hueco, número de hojas, sentido de apertura, acabado, vidrio, herrajes y, si toca, resistencia al fuego. Del pedido tienen que salir solos el precio, el despiece de perfiles y chapa y la orden para taller, y hay que saber después qué se montó exactamente en cada obra cuando llaman por una garantía. Escribimos sobre ello en gestión para carpintería metálica y cerrajería.
Fontanería, climatización e instaladores
El trabajo se hace en casa del cliente y el papel se pierde en la furgoneta. Lo que hace falta es un parte de trabajo que se cierra allí mismo: horas del operario, materiales gastados descontados del furgón, fotos de lo que había, firma del cliente en la pantalla y, cuando la instalación lo exige, el certificado con sus datos. De ese parte sale la factura sin que nadie lo teclee otra vez en la oficina.
Empresas de limpieza
Un contrato mezcla servicios de todas las semanas con otros que se hacen cada quince días o cada cuatro meses, y esos hay que repartirlos entre los meses que toca. Ningún programa horizontal tiene ese campo, así que acaba en una hoja de cálculo por cliente. Ese cálculo, más el cierre de todo el mes de golpe, es lo que hace nuestro programa para empresas de limpieza, que nació justo de este problema.
Administradores de fincas
La avería la reporta un vecino que no va a instalarse ninguna aplicación, la arregla un gremial que no está en tu plantilla y la paga una comunidad que no es tu cliente habitual. Eso no cabe en el esquema de cliente y factura de un programa estándar. Lo resolvimos con un desarrollo propio de gestión de incidencias para administradores de fincas.
Aviso
Comunidad Puerta del Mar
Avda. de la Constitución 14, sótano
Material gastado
Cerrar parte y enviar
Sale del furgón, entra en la factura
El operario no rellena un formulario genérico: rellena su parte, con los materiales que lleva en la furgoneta y la firma del cliente encima. Un software a medida para empresas se nota sobre todo aquí, en la pantalla del que está en la calle.
Vuestro histórico
El primer día no empezáis de cero.
Cambiar de programa da miedo por una razón concreta: los años que hay dentro del viejo. Por eso, en un software a medida para empresas, la migración no es un extra que se cotiza aparte cuando ya es tarde: es un paso del proyecto con fecha y con criterio de aceptación.
- Qué se lleva. Clientes y proveedores con sus datos fiscales, artículos y tarifas, facturas emitidas y recibidas de los años que decidáis, albaranes y partes, y los saldos pendientes de cobro y de pago a la fecha del cambio.
- De dónde se saca. De la exportación del programa antiguo si la tiene; de su base de datos directamente si no la tiene; y de las hojas de cálculo donde estén las cosas que el programa antiguo nunca supo guardar.
- Cómo se sabe que está bien. Se cuadra contra vuestros propios listados: facturación por año y serie, saldo de clientes a una fecha, existencias. Si no cuadra, no se arranca, y eso está escrito en el presupuesto.
- Lo que se limpia por el camino. Los duplicados de siempre, los clientes dados de alta tres veces y las tarifas de 2014 que nadie se atrevía a borrar. Se revisa con vosotros, no por nuestra cuenta.
Y un detalle que a veces se descubre tarde: si vuestro software a medida para empresas va a emitir facturas, tiene que cumplir el reglamento de los sistemas informáticos de facturación. Eso es cosa nuestra, no vuestra, y va incluido en el desarrollo. La norma y los plazos están explicados en la página de VERI*FACTU de la Agencia Tributaria.
Registros traídos del programa anterior
La migración se ensaya tantas veces como haga falta antes del cambio real. Los números del ejemplo son ilustrativos; los vuestros salen del primer ensayo.
Cómo trabajamos
De la primera reunión al día que lo usa tu gente.
Así se hace aquí un software a medida para empresas. El orden es siempre este y no se salta ninguno, pero el calendario no lo puede poner esta página: en un proyecto a medida el plazo forma parte de lo que hay que averiguar, y sale del análisis.
Análisis: nos sentamos con quien hace el trabajo
No solo con gerencia. Con quien prepara los presupuestos, con quien está en el taller y con quien pelea con la hoja de cálculo, porque el detalle que rompe un proyecto siempre lo sabe esa persona. Salimos de ahí con el circuito escrito y con una lista de lo que se queda fuera, que es tan importante como la de lo que entra.
Propuesta con alcance y precio cerrado
Un documento que dice qué se va a hacer, en qué orden se entrega y qué no incluye, con un precio cerrado. Nada de bolsas de horas. Si a mitad de camino aparece algo que no estaba —y aparece casi siempre, porque para eso se hace a medida—, se presupuesta aparte y decides tú si entra ahora o más adelante.
Desarrollo por entregas y carga de vuestros datos
Veis pantallas funcionando desde la primera entrega, no una demo al final. Es la única forma de que un «esto no era así» salga cuando cambiarlo cuesta una tarde y no cuando ya está todo montado encima. En paralelo se ensaya la migración de vuestro histórico hasta que cuadra.
Puesta en marcha, formación y mantenimiento
El día del cambio estamos con vosotros, con vuestros datos ya dentro y con la gente formada en su puesto, no en un aula. A partir de ahí el mantenimiento sigue: correcciones, cambios de normativa y las mejoras que vayáis pidiendo. El paso a paso completo lo contamos en así trabajamos.
Aquí no hay plazo estándar, y desconfiad de quien os dé uno antes de sentarse con vosotros: en un desarrollo a medida las fechas son una conclusión del análisis, no un dato de partida. Lo que las mueve es cuántos circuitos entran y cuántas excepciones reales tiene cada uno, si partimos de una de nuestras aplicaciones o de una pantalla en blanco, cuánto histórico hay que migrar y en qué estado está, y con cuánta gente vuestra podemos contar para decidir, que suele ser el cuello de botella y casi nunca se cuenta.
Un proyecto de tamaño medio se mueve en torno a los tres meses entre consultoría y desarrollo, pero eso lo decimos después de mirar: las fechas van por escrito en la propuesta del paso 2, junto al alcance y al precio cerrado, y para entonces ya sabemos de qué estamos hablando.
La diferencia de fondo
Somos desarrolladores del producto,
no distribuidores.
Parece un matiz y es lo único que decide si tu software a medida para empresas podrá cambiar contigo dentro de cinco años. Quien distribuye software de otro puede configurarlo, instalarlo y darte soporte, pero no puede tocar lo que hay dentro. Nosotros escribimos el código, así que la adaptación no es un favor: es parte del trabajo.
Un cambio no depende de la hoja de ruta de nadie. No hay que esperar a que un fabricante decida si tu petición interesa a suficientes clientes. Se mira, se valora y se hace o no se hace, pero la respuesta llega esta semana.
Quien coge el teléfono conoce el programa por dentro. No hay un primer nivel que abre un ticket para preguntárselo a otro. Es el mismo equipo que lo desarrolló y que hizo la puesta en marcha en tu empresa.
Presupuesto cerrado y sin bolsas de horas. Lo que os sobre se quita y lo que os falte se desarrolla, con el precio acordado antes de empezar. Lo que aparezca después se presupuesta aparte y lo decidís vosotros.
El proyecto no se acaba el día de la entrega. Un software a medida para empresas que se entrega y se abandona envejece en un año. Este sigue mantenido: correcciones, cambios normativos y las mejoras que pidáis según crezca la empresa.
Qué entra en el precio
Sin letra pequeña: lo que no aparezca en el documento de alcance no se factura después como si estuviera pactado. Y si algo se nos escapó a nosotros en el análisis, lo asumimos nosotros.
Preguntas frecuentes
Lo que nos preguntan antes de decidirse.
¿Cuánto cuesta un software a medida para empresas?
No hay tarifa publicada porque el precio depende de dos cosas que solo se saben mirando: cuánta operación propia hay que escribir y si partimos de una de nuestras aplicaciones o de cero. Esa segunda decisión cambia el presupuesto de forma notable. Lo que sí garantizamos es que el precio se cierra antes de empezar y aparece por escrito con el alcance al lado. Desglosamos los factores en qué encarece o abarata un desarrollo a medida.
¿Cuánto se tarda desde que decidimos hasta que lo usamos?
En un proyecto de tamaño medio, alrededor de tres meses entre la consultoría y el desarrollo, y en las primeras semanas ya se ven pantallas funcionando. Si se parte de una aplicación nuestra suele ser menos; si se construye entero, más. El calendario concreto se pone por escrito en la propuesta después del análisis, nunca antes.
¿Cuándo NO merece la pena desarrollar nada?
Cuando lo que necesitas ya existe hecho. Si tu operación es facturar, cobrar y llevar el almacén sin más particularidades, un programa de catálogo te va a salir más barato y lo tendrás mañana. Te lo diremos en la primera reunión. Lo hemos escrito con todos los criterios en cuándo conviene un desarrollo propio y cuándo uno de catálogo.
¿Hay prueba gratuita?
No, y sería raro que la hubiera: un software a medida para empresas no existe hasta que se hace, así que no hay nada que probar de antemano. Lo que sí hay, y no cuesta nada, es la reunión de análisis: te sentamos con la persona que haría el proyecto, miramos tu operación y te decimos si tiene sentido, por qué vía iría y qué haría falta. Si de ahí sale que no compensa, te lo diremos igual.
Ya uso un programa que no quiero soltar. ¿Sirve de algo?
Sí, y es lo más habitual. Muy pocas empresas cambian todo de golpe: lo normal es que la contabilidad se quede donde está, o que haya un programa de un fabricante concreto que no se toca. Se desarrolla lo que falta y se conecta con lo que ya hay, para que los datos pasen de un lado a otro sin que nadie los teclee dos veces. Eso se llama integración entre programas y entra en el mismo proyecto.
¿Qué pasa el día después de la entrega?
Que seguimos. El mantenimiento de un software a medida para empresas cubre las correcciones, los cambios que traiga la normativa y las mejoras que vayáis pidiendo, con una cuota acordada por escrito desde el principio. Y una cosa importante: los datos son vuestros. Si algún día queréis llevároslos, se os entregan; no trabajamos secuestrando información de nadie.
Reunión de análisis
Cuéntanos qué hacéis
a mano cada semana.
Aquí no hay prueba gratuita que descargar: un software a medida para empresas se empieza hablando. Nos cuentas la operación que hoy se resuelve en una hoja de cálculo, la miramos con vosotros y salimos de esa reunión con una respuesta concreta: si compensa, por qué vía iría y qué haría falta para hacerlo.
- La reunión de análisis no cuesta nada ni compromete a nada
- Hablas con quien haría el proyecto, no con un comercial
- Si lo tuyo se resuelve con un programa ya hecho, te lo decimos
